DOS CUERPOS QUE SE AMAN BAJO LA COMPLICIDAD DE LA LUNA
El pequeño bar de la ciudad era el templo de tertulias de la gente que allí acostumbraba a ir, la música era fuerte y ligera, pero esto no impidió que en una de las mesa, la misma donde se conocieron y la misma donde desnudaron sus sueños, sus corazones y sus sentimientos ocurriera la confusión de las palabras; las mismas palabras que fluían como por arte de mágia, aquella mágia que los dejaría hechizados en una red de verdades y mentiras.
“nada podría pasar”, esta, solía ser la frase de la noche, la que tenia el y ella en su mente, constantemente emergía el conciente repitiendo una y otra vez:
-Esto esta bien, esto esta mal…
Esta frase se hacia presente en cada palabra sin embargo era mas el silencio que las palabras, eran mas las miradas que las palabras, eran mas los deseos que las palabras y las pocas palabras eran tan repetidas que caían al pozo y se quedaban allí por largo tiempo hasta que alguno de los dos tomaba una de ellas y la acompañaba de una caricia.
Cada vez se sentía mas la tensión de una lucha incansable entre el ir y el devenir de dos cuerpos mostrando que deseaban unirse en un completo éxtasis de pasión, en sus manos se sentían aquellos fuertes apretones que hacían catarsis el uno al otro, lo que ellos no sabían era que estos impulsos los llevarían a la dicha o a la muerte.
Amor, ansias, deseos, necesidad eran los cuatros sentimientos que se fusionaban para cumplir con el ritual de la vida, las bocas se buscaban y se esquivaban hasta que ese fuego incandescente los unió con la certeza absoluta del que camina y no tropieza.
El espacio era tan lúgubre que no fue necesario buscar la complicidad de la naturaleza, de la soledad y de la oscuridad, bajo esta noche llena de luz, el hermetismo de los cuerpos era evidente, caricias atrevidas y muslos sobre muslos se cumplía con el ritual de la vida o de la muerte, cada minuto que pasaba se convertía en sentimientos encontrados acompañados de fuertes respiros que era el exilio del alma.
Ni los moralismos, ni el pudor existieron en ese momento y solo se pensaban el uno al otro y esas evocaciones constantes a Dios era el auxilio de la salvación del que siente morir para volver a nacer.
En otra esfera, en otro espacio, en otra vida…
domingo, 12 de octubre de 2008
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